La exquisitez del vino añejo

nadaytodopersonal

Siempre he tenido la convicción de que mientras más edad tenemos más exquisitos somos. Debe ser que la bendición de la experiencia nos imprime seguridad y confianza, nos hace dueños de lo que realmente queremos y lo que estamos dispuestos a hacer por ello.

Y es que al pasar los años nos hacemos menos temerarios pero también más sabios, más ecuánimes. Aprendemos el valor del silencio. Escogemos con mayor prudencia, juzgamos menos y ejercemos el perdón con mayor frecuencia.

Nos volvemos exquisitos al amar, al soñar. Elegimos las batallas sabiendo de antemano que la victoria o derrota sólo depende de nuestra actitud. Finalmente comprendemos a valorar el silencio, cada cana, cada arruga en nuestra piel. Exhibimos con orgullo las huellas del tiempo; dejamos de añorar la efímera y fugaz juventud…y entonces allí…entendemos que nuestra vida es un tesoro que comienza justo antes de nacer y que quizás nunca termina.

A…

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